En la mañana daba menos miedo
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Caaaaalooor |
Otra etapa calurosísima en la que gracias a los moquitos que
me hicieron madrugar bastante comencé a pedalear temprano, quería llegar pronto
a Logroño para disfrutar la ciudad.
Aquí me quemé con el quitamiendos al apoyarme para sacar una foto
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Se habían terminado los puertos de montaña por lo que pedaleaba ligera pese al calor, el camino era un desierto, campos y campos amarillos, carreteras con rectas interminables por donde no pasaba más vida que las ramas resecas, espejismos y deseos de llegar a la ciudad para darme una buena ducha, el calor era serio, y en todas las fuentes paraba a refrescarme, el termómetro marcaba 37 ºC a la sombra y hasta los aspersores eran buen refresco.
Llegué a Logroño a una hora perfecta para tener tiempo de
descansar y ver un poco la ciudad, eran las 3 de la tarde y el calor invitaba a
siesta. La llegada a las ciudades siempre viene marcada por el tráfico, y
después de 6 días sin apenas ver coches, la llegada a la capital se me hizo
peligrosa. Los coches no respetaban la distancia mínima, pasaban a más de 100
kms hora sin preocuparse de mi estabilidad, afortunadamente fue un tramo de
carretera muy cortito, y en la ciudad todo volvió pronto a la calma.
Banco climatizado, si hace frío te calienda, y si hace calor te refresca... ¡está todo inventado!
Logroño me gustó desde el principio, vi una ciudad viva,
accesible, con gente en las calles, terrazas, optimismo, una ciudad animada en
tiempos de crisis. Las calles pese al calor bullían vida y animaban al paseo.
Yo lo intenté, pero el calor era tal que me metí en la primera sala de
exposiciones que vi abierta… Por primera vez durante el viaje dormí en una
cama, me duché con una ducha y…sí Logroño fue maravillosa…
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