Qué sería de los paisajes sin las historias que los dibujan, qué sería del viajero sin historias que escuchar...
Casi llegaba a Kiruna cuando la conocí. Sentí hambre y paré
junto a una granja a comer algo. Ese día iba especialmente tranquila, era
domingo y mi destino obligado era la ciudad a la espera del lunes...Me
entretenía con mis pensamientos cuando escuché una voz detrás de mí, era una voz agradable, suave... Me giré. Detrás,
una mujer embutida en un mono de trabajo que mostraba largas horas a la
intemperie me saludaba con una cara seria pero dulce al tiempo. Había salido a
alimentar a sus caballos.
Comenzamos a hablar sintiendo mutua fascinación desde el primer momento... Ella quería saber qué me había traído a este lugar tan remoto del continente, qué buscaba en Laponia, qué hacía aquí, por qué lo había elegido... Yo quería saber cómo se vive cuando la noche y el hielo lo cubren todo, cómo son las noches de verano, las de invierno, los días sin fin, las noches eternas...
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Los lagos helados se sucedieron en la primera semana del viaje |
Ella me habló de sus caballos, unos bellos ejemplares
islandeses, me contó lo especial de la raza, una raza de tamaño pequeño pero de
corazón enorme, me contó que se
convirtió en el macho alfa de la manada desde el primer día y que los caballos
la seguían libremente sin necesidad de usar cuerdas, moviéndose simplemente por
la energía que ella proyectaba...Me contó que
los caballos estaban muy necesitados de hierba fresca, que este año se
estaba retrasando y que ahora que comenzaba a salir estaban más felices... Quería
a sus caballos tanto como una madre quiere a sus hijos y me habló de ellos con
tanta pasión que me hizo quererlos a mi también...
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Caballo de raza islandesa, traído de allí |
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Reflejos helados |
La domadora de caballos me habló por primera vez de la vida
en un lugar tan apartado del mundo que es una suerte que pueda existir. Y yo,
por primera vez, fui consciente del lugar donde había decidido viajar.
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Comenzó a nevar |
ayyyy Noe... que distinto es el color de esas pedaladas al que yo conocí cuando por alli pasé. Sigue viajando por nosotros que nosotros seguiremos soñando con tus viajes.
ResponderEliminarUn arbolbrazo...:)
Seguro que en el próximo post encuentras los colores que viste... Ay Manuel, Noruega me ha enamorado, ya estoy pensando en volver.
ResponderEliminarUn abrazo gordo y cálido.
Qué envidia de viaje.
ResponderEliminarPor suerte, leyendo tus relatos haces que nos transportemos dentro de una de tus alforjas y vivamos cada una de tus historias.
Muchas gracias Rober, a ver si me pongo con Noruega, y viajamos todos de nuevo, que ya tengo ganas :). Un abrazo
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