18 de diciembre de 2020

RE-ESCRIBIENDO 2020

Hogar la Deriva ha llegado a mi en las últimas semanas de este loco 2020, y su primera propuesta no ha podido resultarme más apetecible: Re-escribir 2020 ¡casi nada! si queréis saber más de ellas he dejado el enlace (que no sé si va a funcionar) al final del post. 

ENERO

El mes de nuestra antigua vida, nuestra vieja normalidad, en la que tomábamos los días como si todo pudiera esperar a mañana, como si la vida nos brindara oportunidades sin fecha de caducidad, como si las visitas pudieran posponerse, los abrazos pudieran quedar en la bandeja de salida y los te quiero a las puertas de la boca.

En el frío invierno la Tulipana y yo nos sumergíamos en los últimos días de vacaciones de 2019 como si no hubiéramos cambiado la hoja del calendario. Teruel, el Alto Tajo, la serranía conquense nos abrazaba con paisajes de hielo. Gloria nos alcanzaba, y a golpe blanco de solidaridad terminábamos el viaje en Zahorejas, con el corazón cargado de cariño, la cara helada, y las ganas más fuertes que nunca.

Se oía algo lejano, muy, muy, muy lejano de un virus en China.


FEBRERO

Cuando en 2019 el Club Alpino Tajahierro me propuso que narrara algún viaje pensé en China. China fue especial, me sacó de mi zona de confort, me hizo enfrentarme a mis miedos, me hizo prepararme mentalmente y me hizo aprender a vivir con el hielo en los talones. Me pareció el mejor destino para una charla de invierno.

Las imágenes que llegaban de China en esos días parecían de ciencia ficción, personal sanitario vestido como si de una guerra bacteriológica se tratara, enfermeras rapándose la cabeza para minimizar el riesgo de contagio, imágenes terribles, que quedarán para siempre en nuestra cabeza. En Europa aún lo veíamos lejos… pero ya no tanto.

MARZO

Éramos libres, contemplábamos la libertad como algo nuestro, algo que no podrían arrebatarnos, gente buena en la parte buena del mundo. Aún vivíamos como si todo pudiera esperar a mañana, aún bromeábamos con el virus, cada vez menos, los memes nos parecían menos graciosos, y algo para lo que no teníamos palabras comenzaba a instaurarse en nuestro espíritu mientras la prensa nos narraba como Italia comenzaba a desmoronarse.

Asturias se adelantaba un par de días y  el hastag #yomequedoencasa aparecía en rostros conocidos, desde Somiedo mis ojos leían con preocupación las noticas. Ese fin de semana yo me quedé en casa. En el trabajo recogíamos las cosas con un nudo en el estómago. El 14 de marzo fue el día que cambió nuestras vidas para siempre, lo que vivimos a partir de entonces será parte de los libros de historia de nuestros hijos, las futuras generaciones nos estudiaran, tal vez con mente crítica por haber perdido la oportunidad de una nueva sociedad.

ABRIL

A partir de abril la vida se difumina, trabajábamos desde casa sin saber muy bien cómo hacerlo. Pasábamos la vida buscando cómo ocuparla. Se sucedían las actividades gratuitas, los cursos on-line, las películas gratis, la carpeta “para el coronavirus” se hacía cada día más grande y nos estresaba la idea de tener tantas cosas que hacer, nos faltaba tiempo para ocupar el tiempo. Mi vida se me desordenó, no encontraba el principio y no tenía rutina.

Scoty ocupaba mis horas entre trucos y paseos breves.

Algunos soñábamos cosas raras, reuniones con amigos y conocidos, viajes que no culminaban, nos despertábamos en mitad de la noche desvelados por habernos descubierto dónde no podíamos estar, la falta de estímulos era total y el pobre cerebro hacía lo que podía con lo que tenía. El subconsciente se hacía fuerte y nos mostraba con dureza nuestros anhelos.

La gente aplaudía a las 8. Las muestras de solidaridad se sucedían, empezamos a creer en un mundo mejor del que saldríamos fortalecidos.

Aprendimos a tener rutinas sin tenerlas, a vivir conscientemente, a saborear las comidas o el aire en el paseo al supermercado. Las conversaciones telefónicas se hicieron eternas, no había mal momento para llamar, cualquier momento era el momento adecuado. Aprendimos a entender el regalo precioso que era el tiempo, y aún ansiando la libertad disfrutamos de nuevas aficiones, nuevas rutinas, lecturas aparcadas y un ansia reconfortarte de querer ver a todos los que queremos.


(Mil gracias a toda esa gente que se curró actividades gratuitas para hacer más fácil nuestro confinamiento, sois amores, sin vosotros no habría aprendido lo que he aprendido durante este año y estoy segura de que tampoco sería la persona que soy hoy)

MAYO

Comenzamos a hablar de fases, cada fase era un golpe de ilusión, una píldora de libertad, un motivo para sonreírse a sí mismo en la mañana, cada 15 días el BOE nos alegraba, pero la vida en nuestros días era como un parchís, en el que las normas cambiaban con cada tirada de dados, un día avanzabas, otro día tenías que dejar pasar el turno, y siempre podías tener que volver a la casilla de salida.

Poco a poco comenzamos a relacionarnos de nuevo con nuestros amigos, pero nada era igual, en la nueva normalidad no podíamos besarnos, ni abrazarnos, los códigos sociales habían cambiado pero no nos habían dado un manual de instrucciones.


JUNIO

Comenzamos a trabajar de nuevo, la nueva normalidad nos había impuesto mascarillas y había que aprender de nuevo el lenguaje no verbal. Los ojos, la mirada, las arrugas marcaban ahora la felicidad o el descontento.

 JULIO

Comenzó con incertidumbre y se llenó de turistas. La obligatoriedad del uso de mascarillas cambió nuestras ganas de salir a la calle.

AGOSTO

Agosto fue un infierno,  así sin más, de gente, de falta de espacio, de agobios, de esperas, de malos humores, pero el 12 estuvo bien, cumplí 44 años en Gijón soplando las cerillas en un flan. Perfección improvisada.

SEPTIEMBRE

Vacaciones, deseadas y necesitadas.

Más de medio mundo cerraba las puertas al pasaporte español, de repente el mundo se hacía enormemente grande. Pirineos me hacía desconectar de todo y soñar….soñar mucho, con montañas, con espacios de cambio, con nuevas aficiones… soñar…


OCTUBRE

Me despedí del Ciruelo con un nudo en la garganta, ese viejo coche era Asturias, era prácticamente todo lo que había vivido en el lugar dónde más tiempo he vivido, de repente sentí el paso del tiempo, un montón de recuerdos se me agolparon, una no sabe el valor de sus memorias hasta que llega el momento de la limpieza final, y en el día de la despedida, en su último viaje tuve que contener las lágrimas para que no se me escapara la vida por los ojos.

A veces, personas que han sido importantes dejan de formar parte de nuestra vida hasta que casi dejamos de pensar en ellas. Una de esas personas a las que quise mucho y nunca esperé volver a ver apareció de nuevo y aprendí que el cariño verdadero no muere con el tiempo, que hay complicidades que están siempre vivas, y que un paso puede marcar una revolución. Gracias por volver.

NOVIEMBRE

Andalucía siempre me suma en la vida, y los planes B a veces superan a los planes A. Lo importante es sumar, sumar gente, sumar abrazos, sumar cariño, sumar experiencias, sumar vivencias como granos de arena que hacen una playa… siempre sumar, porque sumar construye, y construir nos hace crecer. Andalucía siempre me hace crecer.

DICIEMBRE

El mes más largo, el que  más me está costando de todos, el que más ganas tengo de que termine…

Y al mismo tiempo el que más consciencia me está dando, en el que más estoy aprendiendo, en el que más cuenta me estoy dando de los aprendizajes de este año tan raro, en el que más me estoy descubriendo. Aunque tenga ganas de que termine, no le guardo ningún rencor al 2020, me ha dado mucho, pero eso lo dejo mejor para otro día ;).


Hogar la deriva. Por si queréis saber más de estas chicas ;)

19 de enero de 2016

Noruega, islas Lofoten

panoramica islas lofoten

Y llegué a las Lofoten, con rueda nueva y una gran sonrisa... el tiempo había empeorado en Noruega, y en mitad de la lluvia había pinchado, y era muy tarde y de nuevo había tenido que acampar en mitad de un pueblo, pero el paisaje resultaba tan bello, tan fotogénico, tan deseado... que todo me daba igual, era feliz, con lluvia, con frío y con rueda pinchada.

Las Lofoten son tan bonitas, que desde que puse una rueda, un ojo, un pensamiento en ellas quise volver.

El tiempo no acompañaba, pero las horas de luz eran largas, interminables, los días no tenían fin, era como si en Noruega de cada día salieran dos, y con la lluvia yo amanecía tarde, remoloneaba en el saco, me acurraba entre las plumas y cuando me desperezaba desayunaba dos veces, disfrutaba de la escritura y de la lectura, postponía el momento de partir, y así es, como en Noruega, aprendía a cultivar el placer de observar desde mi porche.


islas Lofoten desde la tienda

Esto es lo que vi, desde el porche de la tienda y desde la bici. Las islas Lofoten son uno de esos lugares que dejan al viajero sin palabras, al estómago sin aire, uno de esos lugares afortunados donde la belleza te asalta a cada instante, para que no bajes la guardia, para que mantengas los ojos bien abiertos, para que no te distraigas con lo mundano, para que te dejes querer por el paisaje... un lugar para dejar la mente en blanco y simplemente mirar.

bicicleta mirando paisaje en islas Lofoten

bicicleta en carretera lofoten

panoramica lofoten marea baja

casita solitaria en Lofoten

pequeño faro en islas Lofoten

marea baja en islas Lofoten

orquídea en islas Lofoten

un rayo de luz en las Lofoten

secando el pescado en las Lofoten

pueblecito en las islas Lofoten

Reine
Reine

acampada junto a las casas

5 de enero de 2016

Noruega, las aves mantuvieron su reino

Volvía al modo "Verano azul", vale, es cierto, no es mi tipo de viaje, pero reconozcámoslo, con la rueda de nuevo rodando y después de los gélidos días por Suecia, un poco de gente amable y buen tiempo me estaban sentando genial, no está de más disfrutar de las cosas fáciles y mimarse de vez en cuando.

Vivía descuidada y feliz. La gente me saludaba al pasar por los escasos pueblos, volvía a la costa y pedaleaba feliz contemplando la bajamar.

Y así, los kilómetros iban pasando sin complicación... no era aburrido, era bello, fácil ...Sólo llevaba tres días en Noruega, pero me gustaba, me sentía bien allí.

El día era agradable, ni viento a favor ni en contra, ni frío ni calor, un carril bici estupendo todo para mí, bueno, para mí, para unos cuantos frikis del ski que esquiaban con patines y para un montón de aves atareadas con la crianza veraniega... Lo compartíamos en armonía, ya os digo, la vida era bella y fácil.

ostrero preparándose para atacar

Pero volvamos a las aves y la crianza. Acostumbrada a aves distantes, huidizas de la presencia humana, disfruto enormemente cuando las tengo cerca, disfruto muyyyyyy enormemente sacando fotos, tomando detalles, observándolas sin más, sí, a veces yo también soy un poco friki y.... me emociono, me emociono incluso demasiado, y así, en mitad de esa emoción que anula mis reflejos, con el zoom a toda carga...ocurrió...ocurrió que un ostrero me atacó llevándose algún pelo como contrapartida a las estupendas fotos que le estaba sacando. Y el caso es que el bicho me llevaba un rato avisando, incluso pidió refuerzos y su pareja vino a poner orden, y se unieron con pitidos cada vez más altos, más estridentes y más cerca de mi oreja...La conversación debió de ser algo así:

- Cariño que esta tipa no deja acercarse, puedes venir a ayudarme le estoy diciendo que se vaya, pero creo que es sorda.
- Estoy muy ocupado con los peques, grita más.
- Pero amor, es que no me hace caso, creo que es sorda, de verdad, igual si tú te pones delante...
- Ainsss voy... Poooolloooos, estaros quietos no os vayáis a caer por el acantilado, que el seguro sólo nos cubre durante la migración y aun quedan tres meses.
(segundos más tarde)
-Sí, tienes razón, es sorda, dale un cachetazo y ya verás cómo se asusta.


Y así fue, no me asusté pero decidí continuar mi camino...

Noruega, romper ruedas

Tenía miedo de que Noruega se volviera aburrida, había  ganado 10 grados y la influencia de la costa haría que las temperaturas anteriores no volvieran, no más lagos helados, ni paisajes de invierno, volvía a estar en "verano", hacía sol, la gente sonreía e incluso soplaba un ligero viento a favor, que me hacía tararear canciones de verano, la vida era bonita y fácil. Empezaba a pensar que el bello país nórdico me iba a dar sólo eso, belleza. Lo confieso, me gusta "meterme en líos" y salir de ellos, y temía que las jornadas siguientes fueran demasiado fáciles, sin un atisbo de incertidumbre, "aburridas" en definitiva.

montaña nevada


Pero nada más lejos de la realidad, ese pedalear placentero, más propio de la archiconocida serie Verano Azul que del tipo de viaje que me gusta iba  a durarme bien poco.

casita madera con agua en fiordo

Siempre lo pienso, hay que tener cuidado con lo que se desea, porque a veces los deseos ocurren, y yo, según entraba en Noruega deseaba que continuara la aventura, que siguieran pasando cosas que aliñaran mi vivencia y...

carel de bienvenida a Ballancen, Noruega

Era una carretera de muchas curvas, hacía 7 kms había quedado atrás el último pueblo y regresaba hacia la costa por una bajada de vértigo, la carretera apenas tenía tráfico, tampoco había apenas casas... En esos días en Noruega el sol no se pone, pero a última hora de la tarde la temperatura cae en picado. Comenzaba a hacer frío. Justo había parado hacía pocos kilómetros para prepárame una bebida caliente cuando un matrimonio suizo me ofreció un café, quería llegar a la costa antes de que se hiciera tarde y bajara más la temperatura, con pena se lo agradecí y continué mi camino.

Sentí un fuerte ruido en la rueda trasera, como si hubiera roto un radio. Desde el día anterior sentía que algo no iba bien, la rueda tenía una ligera vibración y por más que la apretaba no cesaba, justo antes de salir acababa de cambiar el eje y no debería de ser nada "grave", pese a ello mantenía los ojos abiertos por si encontraba un taller para quedarme tranquila, no era fácil por la zona, pero me dirigía hacia las Lofoten e intuía que allí iba a ser más difícil.

eje de rueda roto
Junto al ruido vino un movimiento raro, paré al instante, el eje estaba medio desmontado, había perdido los rodamientos y... Necesitaba un rescate.

Los noruegos conducen rápido, muy rápido, muy, muy rápido, y la carretera era una sucesión de curvas con apenas visibilidad, era prácticamente imposible que alguien me viera por mucho que yo agitara los brazos según escuchaba el primer bruuummmm. Empujé la bici hasta una casa, pero estaba vacía, y seguí esperando y esperando con la bici desmontada... sintiéndome la mujer invisible, pero no lo era, porque unos pájaros me recordaban que estaba en su territorio y que no era bienvenida, sí, no es que estuviera en modo negativo y necesitara amor y esas cosas y lo viera todo negro no, no, ellos me lo hacían saber muy claramente, bombardeándome con heces blanquecinas, así, dicho finamente. Sí, esa era la situación, tenía una bici inútil con una rueda rota, comenzaba a bajar la temperatura, los coches pasaban a 1000 por hora y no me veían, pasaban coches sólo de vez en cuando, estaba junto a una casa deshabitada y encima lo pájaros me estaban cagando encima ¿no quería aventura? ¿no había deseado que el viaje no perdiera su emoción, qué ocurrieran cosas? Ya os lo he avisado antes, tened cuidado con lo que deseáis.

A partir de ahí ocurrieron muchas cosas,  trasladé mis cosas al otro lado de la carretera para probar suerte y las volvía a trasladar al territorio de los pájaros cagones que siguieron insistiendo en que no era bienvenida.  Yo mantenía la esperanza, el matrimonio que me había ofrecido café aun no había pasado y estaba segura de que ellos sí que iban a reparar en mi presencia. Así fue, al cabo de no sé cuánto tiempo, como si estuviéramos predestinados a conocernos pararon.  Eran ciclistas, él mecánico y en su caravana había sitio para la bici, mis trastos y yo. En el Norte de Noruega no hay muchas carreteras, y ellos también iban camino al sur, era viernes y estaba a más de 200 kms de una ciudad importante.

Nuestros caminos se separaron en el ferry, ellos querían hacer noche por la zona y yo debía de tratar de llegar a la ciudad antes del domingo. Sólo había una carretera que bajaba al sur, así que el ferry se me antojó un buen lugar para encontrar al siguiente relevista que me acercara a la ciudad. Erik se dirigía a Italia en furgoneta, era un tipo atractivo y de conversación animada, de madre japonesa y padre noruego, trabajaba en la universidad en Tromso estudiando la alimentación del salmón. Erik me contó muchas cosas interesantes que me hicieron cuestionar la sostenibilidad del cultivo de salmón en Noruega y la pesca en el mundo. También me habló de las noches de invierno y me recordó en sus reflexiones a aquella mujer fascinante que había conocido unos días antes en Suecia. Conectamos y tuvimos buena conversación hasta la ciudad. Nos despedimos, a él aún le quedaban 4000 kms de asfalto.

acampada en Fauske
Llegamos a Fauske de madrugada, la luz del sol hacía innecesarias las farolas y por primera vez eché de menos la noche, la bici rota me obligaba a acampar en el centro de la ciudad, Noruega es muy seguro y la ciudad era pequeña, pero pese a ello me sentía insegura y  vulnerable a la vista de todos. Se me olvidó en cuanto me metí en la tienda, me sentí en casa, cerré los ojos y dormí mientras sentía como las gotas golpeaban el techo de la tienda, comenzaba a llover, el día había sido agotador.

En Fauske no había taller de bicis, sólo una tienda de material deportivo, a riesgo de no llegar a Bodo a tiempo de coger el ferry decidí optar por el camino fácil y comprar una rueda nueva. El parón había estado bien, había conocido gente maravillosa, entrado en contacto con la gente local y disfrutado de conversaciones interesantes pero me apetecía pedalear, el tiempo estaba siendo fantástico y no quería perder esos días de sol y luz encerrada en un coche.


Justo daba las primeras pedaladas con mi rueda nueva cuando escuchaba el pitido de un coche, sonaba contento, era el matrimonio suizo que se alegraba de verme dando pedales, nos lanzamos un hasta siempre y continuamos nuestros caminos.

16 de julio de 2015

Noruega, primer abrazo

"...Al día siguiente el temporal continuaba, pero el sol jugaba al escondite entre las nubes, decidí ser parte del juego, y a la tercera partida salí..."

Bicicleta junto a la nieve en la frontera

Bicicleta cruzando la frontera Noruega
Frontera Noruega
El sol se cansó de jugar cuando yo me incorporé al juego. Se escondió y no quiso volver a salir, las nubes lo encontraban cada vez más rápido y se aburrió, así que, crucé a Noruega azotada por el viento, por la lluvia, por la nieve y por el granizo... El día se presentaba de nuevo duro, pero yo bullía de felicidad en la primera frontera del viaje mientras trataba de mantener a la Tulipana en pie para una sesión de fotos fronteriza, y allí, en la frontera, se dio su primer revolcón.

Estaba en Noruega, pero el paisaje continuaba helado, casas heladas, lagos helados, la vida en el interior de una nevera. Para encontrarme con el mar aun me quedaban 50 kms y un pequeño paso de montaña como única complicación, pero el viento no quería que mi encuentro resultara fácil y cayera en el aburrimiento como el sol, el viento helado quería jugar conmigo y soplaba para tumbarme sin lograrlo, yo no quería jugar con él, pero él no quería entenderme. A veces sucedía una tregua y entonces mi cuerpo se templaba y yo era feliz, pero la tregua duraba poco y entonces mi cuerpo se helaba de nuevo y yo sentía el frío calar en mis huesos, y entonces yo era feliz, pero menos.


Casa junto al lago helado

Casa junto a la nieve

Caravana abandonada
Casitas heladas camino a Narwik

A veces me sentía protegida por los árboles y parecía que el tiempo era mejor, incluso en una de las rachas más fuertes de nieve y viento encontré cobijo en una caravana abandonada, una casa muerta, tan desolada como el paisaje. Abrí la puerta con el miedo de quien teme encontrar algo que no quiere, de quien ha visto alguna peli y se acuerda, de quien de repente se da cuenta de que está absolutamente sola en el lugar, miedo, ¡estúpido miedo que nos hace ver lo que no existe!. Dentro no había más que restos de vida lejana, cortinas pasadas de moda, un colchón roto, restos de comida, velas a medio consumir... No fui capaz de callar a  mi mente, el lugar me llenaba tanto de inquietud, que tras imaginar escenas truculentas suficientes para hacer una película de terror preferí continuar, cuerpo helado, mi camino hacia la costa.


caravana abandonada

Interior de caravana abandonada
Una caravana abandonada, regalo y refugio en mitad de la nevada

Y la costa llegó, claro que llegó, bella, sonriente, soleada... La costa Noruega apareció como un regalo  envuelto en calor, y mi cuerpo la recibió con los brazos abiertos, y entonces grité, sí, grité, yo que soy callada y vergonzosa por naturaleza, que grito por dentro mis emociones lo hice a plena voz, a plena luz y a pleno pulmón...

Noruega dandome la bienvenida
Mi primera visión del mar en Noruega

¡Era feliz!

Yo muy feliz

11 de julio de 2015

Sucedió en Suecia: Borrachera

En los viajes hay historias que nos llenan de tristeza, a veces es la historia en sí, a veces es el momento en el que ocurre, y a veces es una mezcla de ambos, probablemente este es el caso, la realidad es que, una semana más tarde, aun recuerdo el rostro avergonzado de este chico.

No sabía cómo había ocurrido. Cuando se miró al espejo no se reconoció,  no recordaba nada de la noche anterior. Deambulaba dando tumbos sin rumbo, temeroso de llegar a casa.

Cansado.

Arbol gris representando la tristeza

Avergonzado. Se tapaba la cabeza con la camiseta. Ese día hacía calor en Lulea, pero eso no calentaba su alma helada, no templaba su fría vergüenza.

Derrotado. Miraba al suelo, las líneas se desdibujaban, borrosas, sucias. Aun estaba borracho.

Pensaba. Trataba de recordar qué había ocurrido. Había quedado con unos colegas. Había salido a pasárselo bien. Era incapaz de recordar en qué momento el alcohol había ganado la batalla de nuevo, un día más... Lloraba por dentro.


En la estación de autobuses el reflejo en el cristal le devolvía su propia imagen. Su cuidado cabello nórdico era ahora jirones de pelo, calvas salpicadas de mechones desdibujados y alguna herida.

Casi sin mirarla le pidió un cigarrillo. La chica no hablaba su idioma, pero entendió el gesto, no fumaba y casi no se atrevió a devolverle la mirada sintiendo su vergüenza. Su avión salía en unas horas, ella también se sentía cansada, la vuelta, el final del viaje, la falta de sueño y las largas jornadas de los últimos días comenzaban a pasar factura. Le siguió con la vista y sintió una pena inmensa.

Finalmente no encontró más excusa para esconderse, llegó a casa, dio un portazo y se encerró en el baño, no quiso dar explicaciones, se miró al espejo de nuevo, cogió la maquinilla de afeitar y al tiempo que rozaba su piel comenzó a llorar.

24 de junio de 2015

Sucedió en Suecia: La domadora de caballos

Qué sería de los paisajes sin las historias que los dibujan, qué sería del viajero sin historias que escuchar...

Casi llegaba a Kiruna cuando la conocí. Sentí hambre y paré junto a una granja a comer algo. Ese día iba especialmente tranquila, era domingo y mi destino obligado era la ciudad a la espera del lunes...Me entretenía con mis pensamientos cuando escuché una voz detrás de mí, era  una voz agradable, suave... Me giré. Detrás, una mujer embutida en un mono de trabajo que mostraba largas horas a la intemperie me saludaba con una cara seria pero dulce al tiempo. Había salido a alimentar a sus caballos.

Comenzamos a hablar sintiendo mutua fascinación desde el primer momento... Ella quería saber qué me había traído a este lugar tan remoto del continente, qué buscaba en Laponia, qué hacía aquí, por qué lo había elegido... Yo quería saber  cómo se vive cuando la noche y el hielo lo cubren todo, cómo son las noches de verano, las de invierno, los días sin fin, las noches eternas...

Lago helado norte Suecia
Los lagos helados se sucedieron en la primera semana del viaje
Ella me habló de sus caballos, unos bellos ejemplares islandeses, me contó lo especial de la raza, una raza de tamaño pequeño pero de corazón enorme,  me contó que se convirtió en el macho alfa de la manada desde el primer día y que los caballos la seguían libremente sin necesidad de usar cuerdas, moviéndose simplemente por la energía que ella proyectaba...Me contó que  los caballos estaban muy necesitados de hierba fresca, que este año se estaba retrasando y que ahora que comenzaba a salir estaban más felices... Quería a sus caballos tanto como una madre quiere a sus hijos y me habló de ellos con tanta pasión que me hizo quererlos a mi también...

Caballos en Laponia
Caballo de raza islandesa, traído de allí
La domadora de caballos me habló de las largas noches de invierno y de las sombras de la luna "...en enero, los días son tan claros, y tan blancos, que la luna proyecta sombras como el sol, son sombras de luna, la claridad es absoluta, la belleza también..."

Superficie lago helado
Reflejos helados
La domadora de caballos me habló por primera vez de la vida en un lugar tan apartado del mundo que es una suerte que pueda existir. Y yo, por primera vez, fui consciente del lugar donde había decidido viajar.

Lago helado en la niebla
Comenzó a nevar

23 de junio de 2015

Suecia, paisaje de hielo

A las 4 de la mañana me desperté creyendo que por error había encendido la luz. No encontraba dónde estaba el interruptor, mis últimas noches habían transcurrido entre Llanes, Santoña y el aeropuerto. Todo había transcurrido tan rápido que me había olvidado de dónde estaba. A las 12 a.m rugían las motosierras de los trabajadores de la zona. Estaba acampada en las cercanías del aeropuerto y aun se sentía la vida que no duerme...

...Suecia...

Sol media noche
El sol no quiere acostarse en el horizonte
Si pienso en Suecia pienso en frío, hielo, nieve, soledad, y belleza...

soledad y hielo

El viaje comenzó un tanto desordenado, sin una ruta definida, con un par de mapas y muchas ganas de rodar. Tantas,  que desoí todos los consejos locales que me decían que comenzara el viaje unos kilómetros más al norte... No eran tan sólo las ganas de comenzar a rodar lo que me hacía querer pedalear desde Lula, sino también la absurda ilusión de cruzar al círculo polar en bicicleta, una tontería de estas conceptuales supongo, una línea imaginaria creada por el hombre... pero una línea que me hacía ilusión cruzar...

acampada en bosque Suecia
Primera "noche" en Suecia
Los locales tenían razón, y tras 50 kms, sin demasiada emoción, mis dos "yoes" tuvieron una asamblea en la que nunca hubo acuerdo, pero en la que viendo que la carretera discurría paralela al tren se dio un salto de 100 kms  para comenzar el viaje en Gallivare, así que, esa línea imaginaria inventada la pasé, tras varios millones de pinos, calentita en un tren y con buena conversación.
Según cruzábamos la línea, como si de un anuncio televisivo o de una peli demasiado previsible se tratase, aparecían las primeras nieves. Ya está, habíamos llegado, estábamos dentro del círculo polar... Bien ¿y qué? ¿tan importante era? Realmente nada había cambiado, ningún fenómeno extraño (aunque varios moteros me han contado luego que el GPS se les puso "oscuro", ¡qué cosas les pasan a estos moteros!), en ese momento, mis dos "yoes" dieron un salto y se felicitaron, sin acuerdo había sido la decisión correcta.

rama con ganchillo

 El tramo en tren fue una suerte. Kristian, el revisor, era ciclista y hablador. Dejó de trabajar en "la madera", porque no soportaba la idea de cortar árboles que tenían más de cien años, no podía ver sólo dinero en ellos, disfrutaba de los bosques con la bicicleta y por eso me dejó meterla sin reparar en normas que te hacen dejarla del tamaño de una maleta, al tipo le gustaba hablar en un país donde la mayoría de la gente vive embutida en sus teléfonos móviles y músicas... Un tipo majete, que tras conocerme de repente pensó en que eso de viajar en bici también podía ser para él "si tu lo haces, yo puedo hacerlo, igual lo hago algún día, tengo una habitación con muchas bicis...y tú, ¿cuántas tienes?"

Hasta que no llegamos a lo más norte del país no encontramos su auténtica belleza,  mientras tanto, bosques y bosques y alguna zona industrial... En mi ruta, sin saberlo he escogido lo más bonito de Suecia y vaya que sí es bonito, montañas nevadas, lagos helados, pueblos con apenas habitantes, estaciones de tren sin gente que lo espere. Nieve, hielo, viento, sol...Los últimos 200 kms son realmente bellos y helados...

Los primeros días disfruté de un tiempo realmente dulce, soleado, con temperaturas primaverales (primavera sueca, se entiende, unos 8-9 ºC) y un aire que casi acariciaba mi piel, pero el tiempo, tan cambiante aquí, empeoró y pasé en apenas unas horas a un simulacro de nieve y viento helado que cortaba mi piel como navajas y que me obligaba a bajar de la bici para caminar un poco y conseguir algo de calor para unos pies que dejaban de sentir los pedales.

Sol de media noche
Sol de  media noche, era sobre las 12
Laponia suecia
Camino hacia el norte, días soleados, y pedaladas fáciles
De Kiruna a la frontera el paisaje es imponente...y aunque el tiempo me lo puso duro, es precisamente esta dureza la que ha marcado un recuerdo tan especial, es precisamente ese frío y esos cielos grises, amenazando nieve, los que han hecho que haya disfrutado tanto la fotografía, las paradas heladas, los tés calientes, la soledad de la ruta...

Lago helado en el Parque Nacional Abisko, Suecia
Parque Nacional Abisko, hielo y belleza
Aves en el hielo


aceite helado en Parque Nacional Abisko
El arte de cocinar con aceite de oliva helado: primero calentar, luego cocinar

Terminé atrapada en Riksgränsen, la última población de Suecia, un resort de invierno a apenas 2 kms de la frontera con Noruega, terminada la temporada de invierno, a la espera de la temporada de verano, un pueblo con la más absoluta nada, tan solo un supermercado que hace las veces de cafetería, hogar del jubilado y lugar de encuentro hasta las 8.
Casas en Laponia

Lago helado Suecia
Cada vez más al norte, cada vez más hielo
Gracias a una simpatiquísima española (mil gracias Lena) que trabajaba allí me abrieron el albergue cerrado en esta época, un antiguo edificio del ejército de 4 plantas e incontables habitaciones todo para mí. Pasé la tarde viendo nevar y entreteniéndome en el interminable laberinto de pasillos, con una llave mágica que abría muchas puertas y jugando a adivinar que había dentro mientras buscaba la lavadora y decidía cual era mi cocina preferida.

Secadoras en Laponia
Probando a secar con diferentes secadoras
Al día siguiente el temporal continuaba, pero el sol jugaba al escondite entre las nubes, decidí ser parte del juego, y a la tercera partida salí...

bici en Laponia