A las 4 de la mañana me desperté creyendo que por error había encendido la luz. No encontraba dónde estaba el interruptor, mis últimas noches habían transcurrido entre Llanes, Santoña y el aeropuerto. Todo había transcurrido tan rápido que me había olvidado de dónde estaba. A las 12 a.m rugían las motosierras de los trabajadores de la zona. Estaba acampada en las cercanías del aeropuerto y aun se sentía la vida que no duerme...
...Suecia...
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El sol no quiere acostarse en el horizonte |
El viaje comenzó un tanto desordenado, sin una ruta definida, con
un par de mapas y muchas ganas de rodar. Tantas, que desoí todos los consejos locales que me
decían que comenzara el viaje unos kilómetros más al norte... No eran tan sólo
las ganas de comenzar a rodar lo que me hacía querer pedalear desde Lula, sino
también la absurda ilusión de cruzar al círculo polar en bicicleta, una
tontería de estas conceptuales supongo, una línea imaginaria creada por el
hombre... pero una línea que me hacía ilusión cruzar...
Los locales tenían razón, y tras 50 kms, sin demasiada
emoción, mis dos "yoes" tuvieron una asamblea en la que nunca hubo
acuerdo, pero en la que viendo que la carretera discurría paralela al tren se
dio un salto de 100 kms para comenzar el
viaje en Gallivare, así que, esa línea imaginaria inventada la pasé, tras
varios millones de pinos, calentita en un tren y con buena conversación.
Según cruzábamos la línea, como si de un anuncio televisivo
o de una peli demasiado previsible se tratase, aparecían las primeras nieves.
Ya está, habíamos llegado, estábamos dentro del círculo polar... Bien ¿y qué?
¿tan importante era? Realmente nada había cambiado, ningún fenómeno extraño
(aunque varios moteros me han contado luego que el GPS se les puso
"oscuro", ¡qué cosas les pasan a estos moteros!), en ese momento, mis
dos "yoes" dieron un salto y se felicitaron, sin acuerdo había sido
la decisión correcta.
El tramo en tren fue una suerte. Kristian, el revisor, era ciclista y hablador. Dejó de trabajar en "la madera", porque no soportaba la idea de cortar árboles que tenían más de cien años, no podía ver sólo dinero en ellos, disfrutaba de los bosques con la bicicleta y por eso me dejó meterla sin reparar en normas que te hacen dejarla del tamaño de una maleta, al tipo le gustaba hablar en un país donde la mayoría de la gente vive embutida en sus teléfonos móviles y músicas... Un tipo majete, que tras conocerme de repente pensó en que eso de viajar en bici también podía ser para él "si tu lo haces, yo puedo hacerlo, igual lo hago algún día, tengo una habitación con muchas bicis...y tú, ¿cuántas tienes?"
El tramo en tren fue una suerte. Kristian, el revisor, era ciclista y hablador. Dejó de trabajar en "la madera", porque no soportaba la idea de cortar árboles que tenían más de cien años, no podía ver sólo dinero en ellos, disfrutaba de los bosques con la bicicleta y por eso me dejó meterla sin reparar en normas que te hacen dejarla del tamaño de una maleta, al tipo le gustaba hablar en un país donde la mayoría de la gente vive embutida en sus teléfonos móviles y músicas... Un tipo majete, que tras conocerme de repente pensó en que eso de viajar en bici también podía ser para él "si tu lo haces, yo puedo hacerlo, igual lo hago algún día, tengo una habitación con muchas bicis...y tú, ¿cuántas tienes?"
Hasta que no llegamos a lo más norte del país no encontramos
su auténtica belleza, mientras tanto,
bosques y bosques y alguna zona industrial... En mi ruta, sin saberlo he
escogido lo más bonito de Suecia y vaya que sí es bonito, montañas nevadas,
lagos helados, pueblos con apenas habitantes, estaciones de tren sin gente que
lo espere. Nieve, hielo, viento, sol...Los últimos 200 kms son realmente bellos
y helados...
Los primeros días disfruté de un tiempo realmente dulce, soleado, con temperaturas primaverales (primavera sueca, se entiende, unos 8-9 ºC) y un aire que casi acariciaba mi piel, pero el tiempo, tan cambiante aquí, empeoró y pasé en apenas unas horas a un simulacro de nieve y viento helado que cortaba mi piel como navajas y que me obligaba a bajar de la bici para caminar un poco y conseguir algo de calor para unos pies que dejaban de sentir los pedales.
Los primeros días disfruté de un tiempo realmente dulce, soleado, con temperaturas primaverales (primavera sueca, se entiende, unos 8-9 ºC) y un aire que casi acariciaba mi piel, pero el tiempo, tan cambiante aquí, empeoró y pasé en apenas unas horas a un simulacro de nieve y viento helado que cortaba mi piel como navajas y que me obligaba a bajar de la bici para caminar un poco y conseguir algo de calor para unos pies que dejaban de sentir los pedales.
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Sol de media noche, era sobre las 12 |
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Camino hacia el norte, días soleados, y pedaladas fáciles |
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El arte de cocinar con aceite de oliva helado: primero calentar, luego cocinar |
Terminé atrapada en Riksgränsen, la última población de Suecia, un resort de invierno a apenas 2 kms de la frontera con Noruega, terminada la temporada de invierno, a la espera de la temporada de verano, un pueblo con la más absoluta nada, tan solo un supermercado que hace las veces de cafetería, hogar del jubilado y lugar de encuentro hasta las 8.
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Cada vez más al norte, cada vez más hielo |
Preciosas fotos Noe, Una maravilla.
ResponderEliminarSí Pablo, el paisaje es absolutamente maravilloso, imposible que las fotos no sean bonitas. Un besote
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