18 de diciembre de 2020

RE-ESCRIBIENDO 2020

Hogar la Deriva ha llegado a mi en las últimas semanas de este loco 2020, y su primera propuesta no ha podido resultarme más apetecible: Re-escribir 2020 ¡casi nada! si queréis saber más de ellas he dejado el enlace (que no sé si va a funcionar) al final del post. 

ENERO

El mes de nuestra antigua vida, nuestra vieja normalidad, en la que tomábamos los días como si todo pudiera esperar a mañana, como si la vida nos brindara oportunidades sin fecha de caducidad, como si las visitas pudieran posponerse, los abrazos pudieran quedar en la bandeja de salida y los te quiero a las puertas de la boca.

En el frío invierno la Tulipana y yo nos sumergíamos en los últimos días de vacaciones de 2019 como si no hubiéramos cambiado la hoja del calendario. Teruel, el Alto Tajo, la serranía conquense nos abrazaba con paisajes de hielo. Gloria nos alcanzaba, y a golpe blanco de solidaridad terminábamos el viaje en Zahorejas, con el corazón cargado de cariño, la cara helada, y las ganas más fuertes que nunca.

Se oía algo lejano, muy, muy, muy lejano de un virus en China.


FEBRERO

Cuando en 2019 el Club Alpino Tajahierro me propuso que narrara algún viaje pensé en China. China fue especial, me sacó de mi zona de confort, me hizo enfrentarme a mis miedos, me hizo prepararme mentalmente y me hizo aprender a vivir con el hielo en los talones. Me pareció el mejor destino para una charla de invierno.

Las imágenes que llegaban de China en esos días parecían de ciencia ficción, personal sanitario vestido como si de una guerra bacteriológica se tratara, enfermeras rapándose la cabeza para minimizar el riesgo de contagio, imágenes terribles, que quedarán para siempre en nuestra cabeza. En Europa aún lo veíamos lejos… pero ya no tanto.

MARZO

Éramos libres, contemplábamos la libertad como algo nuestro, algo que no podrían arrebatarnos, gente buena en la parte buena del mundo. Aún vivíamos como si todo pudiera esperar a mañana, aún bromeábamos con el virus, cada vez menos, los memes nos parecían menos graciosos, y algo para lo que no teníamos palabras comenzaba a instaurarse en nuestro espíritu mientras la prensa nos narraba como Italia comenzaba a desmoronarse.

Asturias se adelantaba un par de días y  el hastag #yomequedoencasa aparecía en rostros conocidos, desde Somiedo mis ojos leían con preocupación las noticas. Ese fin de semana yo me quedé en casa. En el trabajo recogíamos las cosas con un nudo en el estómago. El 14 de marzo fue el día que cambió nuestras vidas para siempre, lo que vivimos a partir de entonces será parte de los libros de historia de nuestros hijos, las futuras generaciones nos estudiaran, tal vez con mente crítica por haber perdido la oportunidad de una nueva sociedad.

ABRIL

A partir de abril la vida se difumina, trabajábamos desde casa sin saber muy bien cómo hacerlo. Pasábamos la vida buscando cómo ocuparla. Se sucedían las actividades gratuitas, los cursos on-line, las películas gratis, la carpeta “para el coronavirus” se hacía cada día más grande y nos estresaba la idea de tener tantas cosas que hacer, nos faltaba tiempo para ocupar el tiempo. Mi vida se me desordenó, no encontraba el principio y no tenía rutina.

Scoty ocupaba mis horas entre trucos y paseos breves.

Algunos soñábamos cosas raras, reuniones con amigos y conocidos, viajes que no culminaban, nos despertábamos en mitad de la noche desvelados por habernos descubierto dónde no podíamos estar, la falta de estímulos era total y el pobre cerebro hacía lo que podía con lo que tenía. El subconsciente se hacía fuerte y nos mostraba con dureza nuestros anhelos.

La gente aplaudía a las 8. Las muestras de solidaridad se sucedían, empezamos a creer en un mundo mejor del que saldríamos fortalecidos.

Aprendimos a tener rutinas sin tenerlas, a vivir conscientemente, a saborear las comidas o el aire en el paseo al supermercado. Las conversaciones telefónicas se hicieron eternas, no había mal momento para llamar, cualquier momento era el momento adecuado. Aprendimos a entender el regalo precioso que era el tiempo, y aún ansiando la libertad disfrutamos de nuevas aficiones, nuevas rutinas, lecturas aparcadas y un ansia reconfortarte de querer ver a todos los que queremos.


(Mil gracias a toda esa gente que se curró actividades gratuitas para hacer más fácil nuestro confinamiento, sois amores, sin vosotros no habría aprendido lo que he aprendido durante este año y estoy segura de que tampoco sería la persona que soy hoy)

MAYO

Comenzamos a hablar de fases, cada fase era un golpe de ilusión, una píldora de libertad, un motivo para sonreírse a sí mismo en la mañana, cada 15 días el BOE nos alegraba, pero la vida en nuestros días era como un parchís, en el que las normas cambiaban con cada tirada de dados, un día avanzabas, otro día tenías que dejar pasar el turno, y siempre podías tener que volver a la casilla de salida.

Poco a poco comenzamos a relacionarnos de nuevo con nuestros amigos, pero nada era igual, en la nueva normalidad no podíamos besarnos, ni abrazarnos, los códigos sociales habían cambiado pero no nos habían dado un manual de instrucciones.


JUNIO

Comenzamos a trabajar de nuevo, la nueva normalidad nos había impuesto mascarillas y había que aprender de nuevo el lenguaje no verbal. Los ojos, la mirada, las arrugas marcaban ahora la felicidad o el descontento.

 JULIO

Comenzó con incertidumbre y se llenó de turistas. La obligatoriedad del uso de mascarillas cambió nuestras ganas de salir a la calle.

AGOSTO

Agosto fue un infierno,  así sin más, de gente, de falta de espacio, de agobios, de esperas, de malos humores, pero el 12 estuvo bien, cumplí 44 años en Gijón soplando las cerillas en un flan. Perfección improvisada.

SEPTIEMBRE

Vacaciones, deseadas y necesitadas.

Más de medio mundo cerraba las puertas al pasaporte español, de repente el mundo se hacía enormemente grande. Pirineos me hacía desconectar de todo y soñar….soñar mucho, con montañas, con espacios de cambio, con nuevas aficiones… soñar…


OCTUBRE

Me despedí del Ciruelo con un nudo en la garganta, ese viejo coche era Asturias, era prácticamente todo lo que había vivido en el lugar dónde más tiempo he vivido, de repente sentí el paso del tiempo, un montón de recuerdos se me agolparon, una no sabe el valor de sus memorias hasta que llega el momento de la limpieza final, y en el día de la despedida, en su último viaje tuve que contener las lágrimas para que no se me escapara la vida por los ojos.

A veces, personas que han sido importantes dejan de formar parte de nuestra vida hasta que casi dejamos de pensar en ellas. Una de esas personas a las que quise mucho y nunca esperé volver a ver apareció de nuevo y aprendí que el cariño verdadero no muere con el tiempo, que hay complicidades que están siempre vivas, y que un paso puede marcar una revolución. Gracias por volver.

NOVIEMBRE

Andalucía siempre me suma en la vida, y los planes B a veces superan a los planes A. Lo importante es sumar, sumar gente, sumar abrazos, sumar cariño, sumar experiencias, sumar vivencias como granos de arena que hacen una playa… siempre sumar, porque sumar construye, y construir nos hace crecer. Andalucía siempre me hace crecer.

DICIEMBRE

El mes más largo, el que  más me está costando de todos, el que más ganas tengo de que termine…

Y al mismo tiempo el que más consciencia me está dando, en el que más estoy aprendiendo, en el que más cuenta me estoy dando de los aprendizajes de este año tan raro, en el que más me estoy descubriendo. Aunque tenga ganas de que termine, no le guardo ningún rencor al 2020, me ha dado mucho, pero eso lo dejo mejor para otro día ;).


Hogar la deriva. Por si queréis saber más de estas chicas ;)

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