Tenía miedo de que Noruega se volviera aburrida, había ganado 10 grados y la influencia de la costa
haría que las temperaturas anteriores no volvieran, no más lagos helados, ni
paisajes de invierno, volvía a estar en "verano", hacía sol, la gente
sonreía e incluso soplaba un ligero viento a favor, que me hacía tararear
canciones de verano, la vida era bonita y fácil. Empezaba a pensar que el bello
país nórdico me iba a dar sólo eso, belleza. Lo confieso, me gusta "meterme en líos" y salir de ellos, y temía que las jornadas
siguientes fueran demasiado fáciles, sin un atisbo de incertidumbre,
"aburridas" en definitiva.
Pero nada más lejos de la realidad, ese pedalear placentero,
más propio de la archiconocida serie Verano Azul que del tipo de viaje que me
gusta iba a durarme bien poco.
Siempre lo pienso, hay que tener cuidado con lo que se
desea, porque a veces los deseos ocurren, y yo, según entraba en Noruega
deseaba que continuara la aventura, que siguieran pasando cosas que aliñaran mi
vivencia y...
Era una carretera de muchas curvas, hacía 7 kms había
quedado atrás el último pueblo y regresaba hacia la costa por una bajada de vértigo,
la carretera apenas tenía tráfico, tampoco había apenas casas... En esos días
en Noruega el sol no se pone, pero a última hora de la tarde la temperatura cae
en picado. Comenzaba a hacer frío. Justo había parado hacía pocos kilómetros
para prepárame una bebida caliente cuando un matrimonio suizo me ofreció un
café, quería llegar a la costa antes de que se hiciera tarde y bajara más la
temperatura, con pena se lo agradecí y continué mi camino.
Sentí un fuerte ruido en la rueda trasera, como si hubiera
roto un radio. Desde el día anterior sentía que algo no iba bien, la rueda
tenía una ligera vibración y por más que la apretaba no cesaba, justo antes de
salir acababa de cambiar el eje y no debería de ser nada "grave", pese a
ello mantenía los ojos abiertos por si encontraba un taller para quedarme
tranquila, no era fácil por la zona, pero me dirigía hacia las Lofoten e intuía
que allí iba a ser más difícil.
Junto al ruido vino un movimiento raro, paré al instante, el
eje estaba medio desmontado, había perdido los rodamientos y... Necesitaba un
rescate.
Los noruegos conducen rápido, muy rápido, muy, muy
rápido, y la carretera era una sucesión de curvas con apenas visibilidad, era
prácticamente imposible que alguien me viera por mucho que yo agitara los brazos
según escuchaba el primer bruuummmm. Empujé la bici hasta una casa, pero estaba
vacía, y seguí esperando y esperando con la bici desmontada... sintiéndome la
mujer invisible, pero no lo era, porque unos pájaros me recordaban que
estaba en su territorio y que no era bienvenida, sí, no es que estuviera en
modo negativo y necesitara amor y esas cosas y lo viera todo negro no, no,
ellos me lo hacían saber muy claramente, bombardeándome con heces blanquecinas,
así, dicho finamente. Sí, esa era la situación, tenía una bici inútil con una
rueda rota, comenzaba a bajar la temperatura, los coches pasaban a 1000 por
hora y no me veían, pasaban coches sólo de vez en cuando, estaba junto a una
casa deshabitada y encima lo pájaros me estaban cagando encima ¿no quería
aventura? ¿no había deseado que el viaje no perdiera su emoción, qué ocurrieran
cosas? Ya os lo he avisado antes, tened cuidado con lo que deseáis.
A partir de ahí ocurrieron muchas cosas, trasladé mis cosas al otro lado de la
carretera para probar suerte y las volvía a trasladar al territorio de los
pájaros cagones que siguieron insistiendo en que no era bienvenida. Yo mantenía la esperanza, el matrimonio que
me había ofrecido café aun no había pasado y estaba segura de que ellos sí que
iban a reparar en mi presencia. Así fue, al cabo de no sé cuánto tiempo, como
si estuviéramos predestinados a conocernos pararon. Eran ciclistas, él mecánico y en su caravana
había sitio para la bici, mis trastos y yo. En el Norte de Noruega no hay
muchas carreteras, y ellos también iban camino al sur, era viernes y estaba a
más de 200 kms de una ciudad importante.
Nuestros caminos se separaron en el ferry, ellos querían
hacer noche por la zona y yo debía de tratar de llegar a la ciudad antes del
domingo. Sólo había una carretera que bajaba al sur, así que el ferry se me
antojó un buen lugar para encontrar al siguiente relevista que me acercara a la
ciudad. Erik se dirigía a Italia en furgoneta, era un tipo atractivo y de
conversación animada, de madre japonesa y padre noruego, trabajaba en la
universidad en Tromso estudiando la alimentación del salmón. Erik me contó
muchas cosas interesantes que me hicieron cuestionar la sostenibilidad del
cultivo de salmón en Noruega y la pesca en el mundo. También me habló de las
noches de invierno y me recordó en sus reflexiones a aquella mujer fascinante
que había conocido unos días antes en Suecia. Conectamos y tuvimos buena
conversación hasta la ciudad. Nos despedimos, a él aún le quedaban 4000 kms de
asfalto.

Llegamos a Fauske de madrugada, la luz del sol hacía
innecesarias las farolas y por primera vez eché de menos la noche, la bici rota
me obligaba a acampar en el centro de la ciudad, Noruega es muy seguro y la
ciudad era pequeña, pero pese a ello me sentía insegura y vulnerable a la vista de todos. Se me olvidó
en cuanto me metí en la tienda, me sentí en casa, cerré los ojos y dormí
mientras sentía como las gotas golpeaban el techo de la tienda, comenzaba a
llover, el día había sido agotador.
En Fauske no había taller de bicis, sólo una tienda de
material deportivo, a riesgo de no llegar a Bodo a tiempo de coger el ferry
decidí optar por el camino fácil y comprar una rueda nueva. El parón había
estado bien, había conocido gente maravillosa, entrado en contacto con la gente
local y disfrutado de conversaciones interesantes pero me apetecía pedalear, el
tiempo estaba siendo fantástico y no quería perder esos días de sol y luz
encerrada en un coche.
Justo daba las primeras pedaladas con mi rueda nueva cuando
escuchaba el pitido de un coche, sonaba contento, era el matrimonio suizo que
se alegraba de verme dando pedales, nos lanzamos un hasta siempre y continuamos
nuestros caminos.