Cada uno puede entender el término a su manera, está claro, pero según como yo lo entiendo, puedo decir que la he conocido. Es cierto que el concepto no es el mismo con 20, con 30 o con 50 y también lo es que todos tenemos condicionantes que lastran esta condición. Tengamos o no pareja o hijos, todos tenemos nuestras propias cargas personales, nuestros propios apegos que van entorpeciendo esta libertad… pero creo que la libertad plena sí que existe al menos en algún momento de nuestras vidas, a veces pasa sin que nos demos cuenta, otras veces la estrujamos para que no se acabe, pero todos deberíamos, al menos por una vez permitirnos experimentarla, porque en esa libertad es donde nos encontramos, donde nos hacemos y donde en definitiva somos lo que queremos ser y a partir de ahí es cuando podemos mostrarnos y darnos.
Pero tener libertad no es siempre ventajoso. A priori, yo podría ahora definirme en una situación casi privilegiada, tengo mis responsabilidades familiares, pero mis padres afortunadamente no son tan mayores como para necesitarme, no tengo pareja, ni tampoco hijos, ni si quiera tengo un perro…y a partir de octubre no tengo plan y tengo ganas, casi necesidad, de cambio. Desde fuera podría verse como un momento lleno de oportunidades, y lo es, pero esas oportunidades son en parte una trampa cuando de repente no tienes claro tu camino y sí, que hay que caminar, pero tal vez en una dirección distinta a la que has estado caminando.
Tener todas las oportunidades no significa tener el triunfo asegurado ni poder decidir fácilmente, no hay nada más que ver a mi generación, la generación más libre, más preparada, con más idiomas, con más estudios, con más acceso a la información y al final la generación con más paro, con menos ingresos, con menos ilusiones y más perdida de los últimos años. Crisis hubo antes, pero tal vez ninguna con gente tan bien preparada.
La libertad son oportunidades, pero también dudas y soledad en las decisiones.
