El año pasado lo hice y me resultó tremendamente
terapéutico, me sirvió para poner comas y puntos, para diferenciar emociones en
meses.
2021 y yo no nos hemos llevado muy bien, ha sido un año con
bastantes sombras en el que tengo la sensación de haber terminado en números
rojos, más que despedir lo que tengo ganas es de mandar a tomar por el saco a
este año. No lo haré, agradeceré aquello que me llenó y dejaré ir aquello que
no me hizo bien, me quedaré con lo que aprendí, y lo que sumó.
Este año necesitaba reescribirlo tanto o más que el año
pasado, escribir me ayuda a ordenar, tirar, y concentrarme en lo que
verdaderamente me importa.
Este es mi 2021 reescrito, por si os apetece un poco de
lectura extraña ;)
RE-ESCRIBIR 2021
ENERO. ESPERA.
Enero comenzó raro, y como Alexandro Barico en “el desierto
de los Tártaros” pasó esperando algo que jamás ocurriría, imaginando escenas ficticias
con finales a la carta entre tardes cortas de invierno largo.
Se cerraban los concejos, se acortaban los toques de queda,
aumentaba el tedio, y el desánimo, sentía que la vida se había parado y costaba
ponerla en marcha de nuevo.
FEBRERO. TEDIO.
Fue como un eterno puerto de montaña en un día de insomnio,
como si las pedaladas fueran contra el viento, y el alimento no alimentara,
como si el último kilómetro no llegara nunca. Discurrió con falta de energía.
Como la princesa encerrada en el paraíso anhelaba todo lo
que no tenía, imaginaba más que vivía, soñaba más que dormía, el tedio se me
acumuló en el estómago en una llamada de socorro del cuerpo hacia la mente que
la mente escuchó.
MARZO. TRANSFORMACIÓN.
Los días se alargaban, el sol comenzaba a calentar, al menos a ratos, el ánimo mejoraba.
Aprendí la fuerza de la actitud, recordé mis principios, y
salí de mi cabeza para verme desde fuera, la bajada del puerto comenzó cuando
comprendí el robo de los anhelos al
presente.
Y entonces…agradecí, el lugar donde vivo, las montañas que
me rodean, la gente que me acompaña, valoré cada instante de sol y cada ruta
que hacía. Cambié el anhelo por el tengo, la queja por gratitud y respiré de
nuevo el ahora.
Marzo fue el mes de la transformación.
ABRIL. VACUNACIÓN.
Días largos, una apertura que se aproximaba… la primavera que
lo vestía todo de color recuperando el brillar de aquella que nos perdimos, el
corazón latía en colores de nuevo.
Seguía habiendo toque de queda, pero la vacunación iba
rápida, y sentíamos el final de un encierro comunitario que a veces nos pesaba,
el optimismo se apoderaba de nosotros ante la inminencia de plazos cumplidos.
Semana santa fue un descanso en la pandemia, un viaje local,
una microaventura por León en la Asturias cerrada, semana santa fue aire fresco
en el final del invierno.
MAYO. VACACIONES
Extremadura me dio novedad, paisaje, sol, horizonte, empuje,
aventura, improvisación, encuentros…
Sentir otro acento, empaparme de lavanda entre campos
violetas, despertar con distintos vecinos cada día, sentir que casa estaba
lejos al tiempo que casa estaba conmigo.
Sentir el aire en la cara, el frío en la mañana, cantar
entre lagunas, pensar, pensar mucho y bien, llenarme de aire y de vida. Sentir con los cinco sentidos.
JUNIO. VACUNA
Aunque la esperaba, la llamada me pilló casi por sorpresa
mientras trabajaba, el ring que anunciaba mi turno de vacunación me puso
nerviosa, no sé si por emoción o por miedo a quedarme sin cobertura, allí en
Rozadío confirmaba mi fecha.
La cita llegó al tiempo que llegaron las vacaciones de
verano, no me bajé del coche, un señor que había vacunado ya a mucha gente me
hizo sentir ganado, me dio igual, allí, en el mismo polígono donde paso la itv
pasé a ser parte del rebaño y sentí que sumaba. Por primera vez ser oveja fue
mi opción.
JULIO. ESCAPE
El verano llegó con los deberes hechos y el ánimo
recuperado, Pirineos me había puesto en mi sitio, el frío, la ventisca, la
dureza de las rutas me centró en el ahora, viví como siempre y volví cargada de
color para los días grises. Julio no nos quería dejar ver el sol pero yo
escapaba cada vez que podía a encontrarlo, como en una cita secreta nos
encontrábamos en Riaño y montaña palentina, mi refugio de verano frente al
bullicio y las sombras de la costa.
AGOSTO. VERANO

Agosto fue luz, visitas, risas, amigos, abrazos, cercanía,
encuentros, cariño.
Agosto fue verano, semana
de playa incluida y Picos con la mejor de sus caras.
Agosto fue todo lo que había necesitado los meses
anteriores.
SEPTIEMBRE. FURGOVIAJE
“Al menos una vez al año haz algo que nunca hayas realizado”
Mi primer viaje en furgo se saldó con el Tour del Mont Blanc y una visita
exprés a Dolomitas, volví enamorada de estas últimas y me prometí volver alguna
vez.
Viajar en Furgo con Scoty por Dolomitas fue lo más cercano a
una “road movie” que he protagonizado en los últimos tiempos, una chica, un
perro, 18 días y las montañas de Europa, tan épico y memorable como suena.
Volví agotada, con pena y con muchas ganas de seguir explorando.
Scoty volvió con un mordisco en la cara y cansancio para tres
días.
OCTUBRE. FLUIR
Nos llenamos de otoño en Pirineos, la luz teñía de naranja
abedules y robles, y los ocres hacían más bonito lo bonito.
La borrasca nos encerraba en bosques que disfrutábamos mirando
las montañas cubiertas por la niebla, cuando el cielo abría descubríamos las
primeras nieves que nos alejaban de nuestro objetivo, aun así los bosques nos
acogían con las ramas abiertas y nos perdíamos en ellos sin más plan que seguir
el movimiento de sus hojas.
Octubre fue fluir con el tiempo y con la vida.
NOVIEMBRE. CAER
Una caída pudo cambiarlo todo. Sentí como la vida puede irse
en un instante, me agarré fuertemente a ella y pensé mucho y luego lloré, y
todo me pareció insignificante, los conflictos, las decepciones, las
distancias, todas las turbulencias del año dejaron de tener sentido para volver
al ahora, a los que están, a lo queda por hacer, lo que está en mi mano.
Caer no es solo levantarse, caer es también cuestionarse, es
sentirse en lo más profundo, es bucearse.
DICIEMBRE. CIERRE
Dejar ir proyectos que no salieron, sueños que dejaron de
serlo, personas que ya no están, comidas que no te hacen bien, conflictos que
no van a ningún sitio…
Diciembre es tan solo un mes más en el calendario pero
también es un tiempo de reflexión, un punto de inflexión, un punto y aparte, una
oportunidad cada año para quedarnos con los que nos hace bien, y dejar ir lo
que no, un tiempo para perdonarnos no haber llegado a todo y agradecernos el
haberlo intentado.
Es el impulso que nos hace falta para dejar ir y comenzar de
nuevo. Es final y principio. Cierre y apertura.