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11 de julio de 2015

Sucedió en Suecia: Borrachera

En los viajes hay historias que nos llenan de tristeza, a veces es la historia en sí, a veces es el momento en el que ocurre, y a veces es una mezcla de ambos, probablemente este es el caso, la realidad es que, una semana más tarde, aun recuerdo el rostro avergonzado de este chico.

No sabía cómo había ocurrido. Cuando se miró al espejo no se reconoció,  no recordaba nada de la noche anterior. Deambulaba dando tumbos sin rumbo, temeroso de llegar a casa.

Cansado.

Arbol gris representando la tristeza

Avergonzado. Se tapaba la cabeza con la camiseta. Ese día hacía calor en Lulea, pero eso no calentaba su alma helada, no templaba su fría vergüenza.

Derrotado. Miraba al suelo, las líneas se desdibujaban, borrosas, sucias. Aun estaba borracho.

Pensaba. Trataba de recordar qué había ocurrido. Había quedado con unos colegas. Había salido a pasárselo bien. Era incapaz de recordar en qué momento el alcohol había ganado la batalla de nuevo, un día más... Lloraba por dentro.


En la estación de autobuses el reflejo en el cristal le devolvía su propia imagen. Su cuidado cabello nórdico era ahora jirones de pelo, calvas salpicadas de mechones desdibujados y alguna herida.

Casi sin mirarla le pidió un cigarrillo. La chica no hablaba su idioma, pero entendió el gesto, no fumaba y casi no se atrevió a devolverle la mirada sintiendo su vergüenza. Su avión salía en unas horas, ella también se sentía cansada, la vuelta, el final del viaje, la falta de sueño y las largas jornadas de los últimos días comenzaban a pasar factura. Le siguió con la vista y sintió una pena inmensa.

Finalmente no encontró más excusa para esconderse, llegó a casa, dio un portazo y se encerró en el baño, no quiso dar explicaciones, se miró al espejo de nuevo, cogió la maquinilla de afeitar y al tiempo que rozaba su piel comenzó a llorar.

24 de junio de 2015

Sucedió en Suecia: La domadora de caballos

Qué sería de los paisajes sin las historias que los dibujan, qué sería del viajero sin historias que escuchar...

Casi llegaba a Kiruna cuando la conocí. Sentí hambre y paré junto a una granja a comer algo. Ese día iba especialmente tranquila, era domingo y mi destino obligado era la ciudad a la espera del lunes...Me entretenía con mis pensamientos cuando escuché una voz detrás de mí, era  una voz agradable, suave... Me giré. Detrás, una mujer embutida en un mono de trabajo que mostraba largas horas a la intemperie me saludaba con una cara seria pero dulce al tiempo. Había salido a alimentar a sus caballos.

Comenzamos a hablar sintiendo mutua fascinación desde el primer momento... Ella quería saber qué me había traído a este lugar tan remoto del continente, qué buscaba en Laponia, qué hacía aquí, por qué lo había elegido... Yo quería saber  cómo se vive cuando la noche y el hielo lo cubren todo, cómo son las noches de verano, las de invierno, los días sin fin, las noches eternas...

Lago helado norte Suecia
Los lagos helados se sucedieron en la primera semana del viaje
Ella me habló de sus caballos, unos bellos ejemplares islandeses, me contó lo especial de la raza, una raza de tamaño pequeño pero de corazón enorme,  me contó que se convirtió en el macho alfa de la manada desde el primer día y que los caballos la seguían libremente sin necesidad de usar cuerdas, moviéndose simplemente por la energía que ella proyectaba...Me contó que  los caballos estaban muy necesitados de hierba fresca, que este año se estaba retrasando y que ahora que comenzaba a salir estaban más felices... Quería a sus caballos tanto como una madre quiere a sus hijos y me habló de ellos con tanta pasión que me hizo quererlos a mi también...

Caballos en Laponia
Caballo de raza islandesa, traído de allí
La domadora de caballos me habló de las largas noches de invierno y de las sombras de la luna "...en enero, los días son tan claros, y tan blancos, que la luna proyecta sombras como el sol, son sombras de luna, la claridad es absoluta, la belleza también..."

Superficie lago helado
Reflejos helados
La domadora de caballos me habló por primera vez de la vida en un lugar tan apartado del mundo que es una suerte que pueda existir. Y yo, por primera vez, fui consciente del lugar donde había decidido viajar.

Lago helado en la niebla
Comenzó a nevar