11 de febrero de 2012

El tiempo robado

(Escrito hace ya algún tiempo)

En aquellos días deseaba tener tiempo, ese que sentía le había sido robado.

Tiempo para recordarse a ella misma, tiempo para reconocerse, tiempo para entender, tiempo para disfrutar, tiempo para desear, tiempo para dar.

Tiempo para escribir lo que le rondaba por la mente, que era mucho, para reflexionar sobre el papel los aconteceres mundanos que le habían ocurrido.


En aquellos días solo deseaba que el día se extendiera unos horas más, que la luz iluminara más la habitación y que las horas no transcurrieran entre apuntes, libros y artículos rescatados de aquel baúl ya cerrado.

Se había olvidado de lo que importaba, de lo que era imprescindible, de lo que necesitaba, se había olvidado de lo que era no recordar una llamada importante, en la vorágine de acontecimientos se había olvidado que afuera, en la ausencia, alguien la echaban de menos…

19 de diciembre de 2011

Ese Ser llamado Mar

Pocos sonidos son capaces de darnos tanta calma como el chocar de las olas contra la arena. Es como si en su retroceso, las olas fueran capaces de llevarse los problemas, las penas y los anhelos.


Escuchando al mar olvidamos y nos encontramos con nuestro yo más profundo, con el más íntimo y secreto. Nos reencarnamos en nuestra propia esencia.


El mar nos escucha con paciencia infinita y nos devuelve palabras de calma y esperanza.


Detiene el momento en su ir y venir constante. Nos susurra cariño en el oído, nos acaricia sin tocarnos, nos hace sentir deseados.


El mar en definitiva nos deja desnudos ante su grandeza.

18 de diciembre de 2011

Monte Perdido





A veces es difícil expresar lo que se siente.

Hoy no encuentro como describir lo fabuloso que ha sido este fin de semana pasado. Cuando las palabras no salen y se ha sentido tanto sólo se puede decir GRACIAS. Un gracias enorme a estos compañeros de viaje que han arrancado sonrisas, ilusiones y ahora casi añoranzas.





Gracias por hacer que Monte Perdido no sea sólo un pico a tachar del listado sino que su nombre esté ahora cargado de emociones.



Desde ya, esta cima no será sólo la "montaña de caliza más grande de Europa", como la describe Tomas en su blog, sino que será cada uno de vosotros, anécdotas, esfuerzos, complicidades, que me harán sonreír y sentirme de nuevo tan viva, como en estos días.



No sé ni cómo empezó esta quedada, realmente no tengo ni idea de cómo terminé apuntándome a este viaje, sólo sé que llevaba tiempo deseando que ocurriera, que este viaje era algo que en los últimos meses me llenaba de ilusión, de una ilusión casi secreta, llena de incertidumbre, de dedos cruzados para que las circunstancias me permitieran acudir.



Llego el día D, y llegó el momento M del encuentro en Linás de Broto. Curiosidad, incertidumbre, ganas… sentimientos que siempre aparecen frente a lo desconocido, y aquella gente, protagonistas de esta historia, eran de momento sólo avatares, nicks y perfiles en un foro. Poco a poco fuimos llegando, primero el grupo de Floren (un mono en un traje de astronauta), Gloria (la chica que se fue al Womad en bici), Jose María y Luis (de los que nada sabía y que se convertirían en los Kike’s brothers), luego yo, casi sin darme cuenta pues el GPS me indicaba 10 minutos más de camino, al rato Tomas (el hermano de la maña) y Nico y Pilar (protagonistas desde hace un tiempo de más de una página del diario de mi vida). ¡Ya estábamos todos! Ahora sí, era realidad.



Me encantaría poder narrar cada paso, cada sentimiento, cada emoción, pero el sentimiento y la belleza del paisaje supera a la pluma.





Por fin pude conocer la “temida” senda de los cazadores, ver volar de nuevo al quebrantahuesos, dejar de imaginar la cola de caballo para recordar su frescor, sentir las clavijas, escuchar el silencio, el absoluto silencio que por un instante reinó en la subida, compartir conversaciones casi al ocaso, dar un paso adelante y otro atrás en la “escupidera”, sentir la emoción de la cima y lo mejor, lo mejor de todo, compartirla…









La montaña es muchas cosas, pero ante todo es las personas que la forman, y Monte Perdido sois todos vosotros.





Pilar con su sonrisa. Tomas con su tesón. Floren con su conocimiento. Nico con su tiempo. Gloria con sus anécdotas. Jose María con su paciencia. Luis con sus "curiosidades".


Son tantos los recuerdos que merece la pena guardar, que me gustaría tenerlos encapsularlos para revivirlos con toda su emoción, en cualquier instante.


Hoy meses más tarde, me permito recordarlos, porque “recordar es volver a vivir”.



28 de febrero de 2011

También la lluvia

A veces una película nos inunda la mente de recuerdos. Con “También la lluvia” he vivido uno de esos baños de recuerdos en los que las escenas son las escenas de una vida que un día viviste y que vuelve como si de un flash back se tratara.


Rodada en Cochabamba, Bolivia, ciudad que años atrás fuera el comienzo de un época llena de experiencias, me trasportó al pasado, al que narra la película y al mío propio.

La cinta de Iciar Bollaín, con Luis Tosar y Gael García Bernal en papeles protagonistas, relata el sueño en forma de película de un tozudo director que se traslada a Cochabamba para rodar la brutalidad del desembarco de Colón al continente americano, una vez allí, descubre que algunas cosas no han cambiado tanto en los últimos 500 años y el país se encuentra sumido en su particular guerra por el agua contra las grandes multinacionales.


Retratado de un modo impecable, con los actores principales colosales y la música siempre acertada de Alberto Iglesias, nos muestra una visión poco habitual de la conquista de América y las circunstancias actuales de un país a veces olvidado.

Más allá de esto, la realidad y la dureza de sentimientos enfrentados, la lucha de corazón y razón frente a las decisiones, los propios intereses frente a los intereses ajenos, y la amistad profunda a quien sabes que no volverás a ver, hacen de ella una película inolvidable.

Hacía tiempo que no me emocionaba tanto con una película, que no vibraba de este modo, que no me sentía tan parte de la escena, que no me sentía tan dentro de una realidad que no es la mía.


Recuerdos presentes y pasados, valores perdidos y recuperados, ilusiones en forma de fotograma.

Una película dura, profunda, emotiva, totalmente recomendable, no sólo para disfrutar del buen cine, sino para permitirnos reflexionar sobre nuestros valores y nuestra propia sociedad occidentalizada.

Si después de verla os quedáis con ganas de más, recomiendo el libro “Las venas abiertas de America Latina” de Eduardo Galeano.

13 de enero de 2011

Ciudades

Paradójicamente hoy, en el camino hacia el cambio, busco el bullicio, los colores y las oportunidades de la ciudad. Al ser humano le gusta el cambio, no hay duda, lo que hoy satisface sus necesidades mañana no colma sus inquietudes y así va buscando su camino y haciéndose a si mismo…de eso podría hablar mucho…


De momento dejo aquí este relato, escrito en mi camino de regreso tras varios meses de rutas, fotos y sensaciones en la Patagonia argentina.

CIUDADES

Hacía mucho tiempo que no pisaba una de ellas, tanto que casi me había olvidado de cómo eran.

Me siento extraña, ajena, ausente, perdida en un mundo que no me es propio. Hacía tiempo que no me sentía así, preguntándome qué hago aquí, por qué he venido.

Desubicada, aturdida por los ruidos, por las luces en la noche, por el movimiento de gente, autos, micros…Aturdida porque no comprendo lo que veo y no entiendo que no comprenda.

Los últimos 3 días en Buenos Aires me he sentido aislada, anónima, como si no perteneciera al lugar, desintegrada, ausente, rebelde porque me niego a asumir lo que veo, espectadora de una sociedad dividida.


Hoy he decidido darle la oportunidad de agradarme, dejar que me explique en su lenguaje de colores, sonidos y formas que es más habitable de lo que parece. Hoy he decidido darme una oportunidad a mí misma, integrarme con la multitud, ser parte de la ciudad, sentirme dentro…

Me he sentado en el Café Tortoni, uno de los más selectos de la ciudad, me he sentado en una de sus múltiples mesas de cuarzo, en una bien céntrica, desde donde puedo ver sin mirar.


Mientras tomo mi café sintiéndome espectadora de la sociedad observo a la gente, estudio sus movimientos, escucho pinceladas de conversaciones… mientras unas mujeres hablan del nuevo papa recién nombrado, los hombres de enfrente hablan del futbol, ¿qué hará el River en el próximo partido?, más alejados otros hablan de negocios y otros comparten opiniones sobre una obra de teatro…nadie habla de lo que ocurre en la ciudad cuando el sol cierra sus brazos…


Es un buen Café, pero no he conseguido sentirme parte de él, no puedo evitar pensar en lo que viene cuando cae la noche, cuando los lujosos cafés y los teatros cierran sus puertas y salen los anónimos que, víctimas de una sociedad que no los mira, han perdido casi hasta el nombre y son sólo cifras a fin de año que hablan de pobreza y poder adquisitivo.

No puedo dejar de pensar en cómo se esquivan los dos mundos, me gustaría hablar con cada uno de ellos, saber cuáles fueron sus circunstancias, saber que los llevó allí, saber cómo llegaron, saber por qué no se miran. Tal vez cuando hable con los dos mundos, cuando consiga entenderlos a los dos, entonces, sólo entonces, lograré ser parte de la ciudad.



Buenos Aires, 1 de junio de 2005

29 de noviembre de 2010

Lago de las Moñetas

Hay un lugar en los Picos de Europa, un lugar escondido en el Macizo Central al que sólo se llega si se ha estado antes. Un lugar escondido entre años de erosión, un lugar formado entre glaciares, un lugar herencia de épocas pretéritas en el que el agua era hielo, un lugar de aguas verdes permanentes, gélidas, pero llenas de vida, un lugar que invita al descanso, al relax, a perder la mirada.

La subida desde las Vegas del Toro se hace pesada, larga, se camina lento y tras caminar durante una hora, si se mira atrás, aun se puede ver la pista y el vehículo aparcado, nuestros pasos recién dados. Merece la pena hacerlo, el pueblo más alto de Picos, Sotres, aparece casi a nuestra altura y si tenemos suerte y las nubes nos conceden su permiso podemos ver el Cantábrico, incluso divisar sus playas, tan cerca y tan lejos al tiempo.


Continuamos caminando. El lago, escondido entre la caliza nos espera. Paramos, buscamos algún vestigio tras la cresta que se aproxima, nos miramos, son las 2 y el hambre aprieta, continuamos caminando y al poco, casi sin darnos cuenta, ahí está, bajo nuestros pies, superando el tiempo de espera, luciendo sus aguas verdes al reflejo del sol.

Bajamos y nos bañamos, es inevitable hacerlo, es como si hubiera una fuerza invisible que nos atrae, que nos llama, que nos hace dejarnos llevar por la emoción de la belleza, del calor, del cansancio y nos hace disfrutar de la plena libertad sin pensar en nada más, nos “obliga” simplemente a ser y estar y por momentos fusionarnos con la naturaleza, hacer un "todo" con ella y sentirnos más vivos que nunca.

El agua está helada, tanto que la respiración se entrecorta y los pies duelen, pero se merecen ese descanso, nos merecemos esa libertad junto al que probablemente sea uno de los lagos más bellos de Picos, el más verde, el más cristalino.


Bajamos dejando atrás los rebecos que siempre acompañan en la alta montaña cantábrica, descendemos por una canal interminable pero fácil y seguimos el río Dobra hasta las Vegas del Toro, mis pies que estrenan botas comienzan a doler…ya tarde, llegamos al coche que nos espera.

Arriba dejamos el lago y un montón de sensaciones, de silencios, de visiones, de belleza…


Mañana la vida continuará, pero tendremos en la retina nuevos fotogramas de belleza encapsulada que la fotografía aun no es capaz de captar. Mañana la vida continuará, pero en esa vida, nuestra vida, habrá un momento más de felicidad.

8 de septiembre de 2010

El payaso que no quería reír

Aquel día no quería reír, estaba cansado, los últimos días habían sido duros, estaba triste, pero la gente pagaba por verlo reír, la gente no espera que un payaso esté triste, no, un payaso no puede estar triste decía mientras buscaba la felicidad que le devolviera su sonrisa. Se había pintado la sonrisa blanca una y mil veces y una y mil veces se la había borrado, había algo en ella que no convencía, algo que fallaba, algo que no le gustaba.

Pensó en el atardecer de unos días antes y decidió intentarlo una vez más, de tantas veces que lo había hecho ya no necesitaba ver su imagen reflejada, se sabía cada curva de su rostro, de sus labios, cada arruga de su piel, cada lunar a camuflar. Convencido del resultado final se miró al espejo, no le gustaba pero le resultó más convincente que las anteriores….en cualquier caso, ya no quedaba tiempo para seguir intentándolo, había que salir y sonreír, sonreír como nunca lo había hecho.

Salió al escenario, el público lo aclamaba, esperaban reír y el sólo pensaba en llorar, conseguía saltar lágrimas de felicidad mientras aguantaba lágrimas de pena, sonreía con su sonrisa pintada y contagiaba al público, tenía que hacerlo, no podía defraudar, los payasos no lo hacen, los payasos siempre están alegres, no hay hueco para la tristeza… juegos malabares, carcajadas enlatadas, caídas forzadas…y la gente que quería seguir riendo, y él, mientras tanto, embutido en su nariz roja, su sonrisa pintada, se sentía el payaso más triste de la tierra, el más solo, el más incomprendido.


La función terminó con un gran aplauso, siempre lo hacía, el aplauso del reconocimiento de la sonrisa conseguida, del sentimiento fingido, de la risa provocada.

En el camerino, se quitó la nariz roja, se borró la sonrisa blanca y comenzó a llorar y lloró sin parar hasta que casi no le quedaron lágrimas, y lloró, y lloró, mientras aun sentía vivas las risas que hace segundos hubiera provocado. Se sentó, intentó tranquilizarse un rato y cuando por fin lo hubo conseguido, cogió el coche camino a casa, perdido en sus pensamientos, en su cansancio, en su tristeza…


Era tarde cuando por fin caía rendido en la cama, había sido una jornada extenuante de emociones, las propias, las fingidas, las ajenas, ahora sólo quería dormir, mañana sería otro día, mañana tal vez no tuviera que pintarse felicidad, mañana tal vez alguien le comprendiera

6 de julio de 2010

Las trampas de la libertad

En numerosas ocasiones he discutido con un amigo sobre el término libertad y el hecho de si la libertad absoluta existe o podría llegar a existir.

Cada uno puede entender el término a su manera, está claro, pero según como yo lo entiendo, puedo decir que la he conocido. Es cierto que el concepto no es el mismo con 20, con 30 o con 50 y también lo es que todos tenemos condicionantes que lastran esta condición. Tengamos o no pareja o hijos, todos tenemos nuestras propias cargas personales, nuestros propios apegos que van entorpeciendo esta libertad… pero creo que la libertad plena sí que existe al menos en algún momento de nuestras vidas, a veces pasa sin que nos demos cuenta, otras veces la estrujamos para que no se acabe, pero todos deberíamos, al menos por una vez permitirnos experimentarla, porque en esa libertad es donde nos encontramos, donde nos hacemos y donde en definitiva somos lo que queremos ser y a partir de ahí es cuando podemos mostrarnos y darnos.

Pero tener libertad no es siempre ventajoso. A priori, yo podría ahora definirme en una situación casi privilegiada, tengo mis responsabilidades familiares, pero mis padres afortunadamente no son tan mayores como para necesitarme, no tengo pareja, ni tampoco hijos, ni si quiera tengo un perro…y a partir de octubre no tengo plan y tengo ganas, casi necesidad, de cambio. Desde fuera podría verse como un momento lleno de oportunidades, y lo es, pero esas oportunidades son en parte una trampa cuando de repente no tienes claro tu camino y sí, que hay que caminar, pero tal vez en una dirección distinta a la que has estado caminando.

Tener todas las oportunidades no significa tener el triunfo asegurado ni poder decidir fácilmente, no hay nada más que ver a mi generación, la generación más libre, más preparada, con más idiomas, con más estudios, con más acceso a la información y al final la generación con más paro, con menos ingresos, con menos ilusiones y más perdida de los últimos años. Crisis hubo antes, pero tal vez ninguna con gente tan bien preparada.

La libertad son oportunidades, pero también dudas y soledad en las decisiones.



Atardecer

Desde que tengo uso de razón me recuerdo dejándome atrapar por la belleza de las pequeñas cosas, por lo efímero de un momento, lo eterno del recuerdo, los instantes que te enganchan si abres bien tus puertas.

Hace unos días, el mundo, mi mundo, se paraba bajo este atardecer, bajo el cielo rojo, bajo la sencilla belleza del despedir del sol, bajo el sonido de un mar calmado rendido a reflejos de una fuerza incalculable.


Ocurría en el regreso a casa, no pude evitarlo, me dejé atrapar por la luz como hacía días que no me dejaba atrapar por nada, enfrascada en decisiones y problemas, me atrapó hasta el punto de que el tiempo se detuvo, hasta pararse el reloj. Me sentí de repente hipnotizada por el evolucionar de las nubes, mis ojos sólo podían mirar al horizonte y este horizonte los tenía embrujados.


Momentos sencillos, inolvidables, mágicos en el día de San Juan, en el que por instantes fugaces, pero eternos en el recuerdo, sentía eso que llamamos felicitad, sensaciones indescriptibles pero plenas, cargadas de magnetismo.

Me alegré de que al día siguiente fuera el cumpleaños de una personita muy especial y poder compartir ese momento, sin buscarlo tenía el regalo perfecto que el valoraría como nadie.


Hace ya unos días de ese momento, pero aun hoy siento esa energía y cómo desee que durara toda la vida…